¡Vacaciones!

Y uno se ponía a pensar, ¡qué guay, vacaciones! Pero ahí estaban, abyectos, viles y despreciables. Sí, por supuesto que estoy hablando de ELLOS.

Los muy hijos de puta, que no te permitían ponerte a jugar y olvidarte de todo. ¡Quiero ir a la piscina! Y una polla, ahí tenías que pringar con ejercicios del puto Vacaciones Santillana que te hacían pensar, y con tanto calor y ponientazo te tocaba apechugar.

Yo siempre los intentaba hacer los primeros días de verano, para que no me jodiesen ni tuviese el sentimiento de culpa todo el tiempo. Sí, soy de esos que hacía los deberes del fin de semana todo el viernes. De esos raros que nunca ponían la tele hasta tener acabados los deberes entre semana. Bueno, qué se yo, me educaron así. Pero vamos, que el Vacaciones Santillana puteaba igual. Además se hacían largos de cojones.

Argh, tengo la puta melodía en la cabeza.

Lo malo de hacerse mayor es que tienes menos vacaciones que cuando ibas al colegio, pero lo bueno es que… ¡no tienes que hacer el vacaciones santillana!

Ah, lo peor de todo es que a mí NUNCA me lo revisaron al volver a las clases. A mis profesores siempre les daba epic pal. Pero bien que amenazaban antes de irte con que lo corregirían entero en Septiembre…

  • Concha

    Seré la tonta a la que le gustaba que le regalaran los cuadernos. Nunca me los mandaron en el cole.